No hay medida en el tiempo: no sirve un año, y diez años no son nada; ser tuya quiere decir no calcular ni contar; madurar como el árbol, que no apremia a su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano.
Hasta la fecha siempre hubo un mañana.
Hoy mis suspiro y el viento agitan mi corazón.