Las flores viven y dejan vivir. Acompañan con el silencio exquisito y se expresan sólo para ser apreciadas. Se dejan mirar sin necesitar observarnos, nos permiten disfrutarlas sin pedir después nada a cambio. Son además tantas, tan diferentes y sin embargo tan disciplinadas siempre que pueden ingresar en nuestro espacio sin invadirlo, respirar a nuestro lado, morir suavemente como seguramente preferiríamos morir nosotros mismos. Los cementerios se colman de flores asumiendo implícitamente que ellas son al cabo lo mejor que podríamos haber ofrecido de nosotros mismos, la imagen y semejanza de una existencia donde sin clamor se ama y luce, y sin dolor se desaparece.
jueves, agosto 30, 2007
viernes, agosto 10, 2007
Alejandra Pizarnik
Todo sería distinto?
Supongo que hay ocasiones en las que cosas que luego vemos con una obviedad desconcertante, nos resultan en un principio de lo más extrañas. Quizás es porque la mayoría de las extrañezas responden a cosas que, desde la lejanía, se ven demasiado nítidas… De ahí aquella frase de “si yo volviera sabiendo todo lo que sé…”. ¿Todo sería distinto? ¿Sí? Puede que sí, o puede que repitiéramos muchos de esos ‘errores’ o esos ‘momentos ¿desaprovechados?’. O tal vez volveríamos con la misma rutina de queja, sólo porque nos gusta compadecernos de no poder vivir permanentemente en ese paraíso pasado… La única realidad es que siempre nos quejaremos, o al menos siempre quiero quejarme, porque eso implica que hubo un tiempo, y volvió a haber un tiempo.., en el que, sin darme mucha cuenta mientras pasaba, fui enormemente feliz. ¿Será este uno de esos tiempos y soy ahora quien lo deja pasar inadvertida?

