miércoles, junio 22, 2005

Mar I

La brisa soñolienta,
consagró un beso húmedo.
El susurro del viento,
envolvió nuestros rostros salados.
El rugido del mar,
derrotó inmortales horizontes.

El todo, realzó nuestro instante.

Cuando el mar se haya ido
quedaremos nosotros.