Ni la palabra "tiempo", ni la palabra "amor",
ni la palabra "muerte" vencerán
a esta callada esfinge que crece y que se espesa
sin proponer enigmas, sin exigir tributos.
Ah estéril majestad, bestia anodina,
en tus manos estoy. Abres mis ojos
para que mire el tedio en los tuyos cansados
(Antonio Cabrera, de "La estación perpetua")